El corazón de una guerrera

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2026-02-06

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Universidad CES
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El transcurso del tiempo abre posibilidades de ser en el mundo, que emergen tanto de los cambios internos como del contexto. Estas posibilidades se entrelazan en la compleja interacción entre el ser humano y su entorno, mostrando el desarrollo como una potencialidad de construcción innegable, aunque, nunca lineal y siempre tejida desde la complejidad. En esa trama interactiva es importante reconocer las huellas de factores externos como la cultura, la época en la que se vive, la familia, la genética, la política, la economía y todas las variables posibles que acompañan la construcción de un ser humano descritas por Molinari (2003), considerando que incluso estas variables son solo una fracción de la gama de factores que componen esa individualidad permitiendo dimensionar las infinitas posibilidades de ser en el mundo, de escribirnos y reescribirnos. Entonces, si el ser se abre a infinitas posibilidades en su encuentro con el mundo, nuestra labor como psicólogos exige reconocer que cada paciente no solo es una individualidad irrepetible, sino también el resultado de múltiples factores sociales, culturales e históricos que lo atraviesan. Pero esta mirada no puede ser unilateral: nosotros también somos parte de esas mismas lógicas. La cultura, la época, la familia o el entorno nos influyen y atraviesan la forma en que pensamos, comprendemos y nos vinculamos con quienes acompañamos en la relación terapéutica. Teniendo en cuenta que somos en relación con el mundo y con los otros, es importante reconocer el espacio terapéutico como un nuevo lugar de encuentro, donde la relación no es resultado del proceso sino el tejido que atraviesa la transformación, construyendo un espacio en el que el ser puede escribirse y reescribirse, acompañado por un otro que presencia y participa en la creación de su obra. Pensar el espacio terapéutico como un tejido vivo, nos abre también la necesidad de construir un razonamiento clínico capaz de reconocerse y moverse en esa complejidad, de ahí que la Maestría en Clínica Psicológica de la Universidad CES, incentive la importancia de una clínica psicológica ontológicamente relativista, comprendiendo al sujeto como un ser emergente, relacional y cambiante, Jaramillo (2025). Por lo anterior, se vuelve inevitable reconocer las condiciones contemporáneas en las que los sujetos coexisten, lo que permite una comprensión más amplia del consultante y una forma de intervención menos generalizada. Esto promueve una lectura e intervención integrativa, caso por caso, que revela la necesidad de apertura a diversas perspectivas teóricas y amplía las posibilidades de observar, comprender e intervenir. Comprendiendo lo anterior, este informe expone un caso de intervención clínica en psicología desde el método clínico-psicológico. El propósito de haber utilizado el MCP fue realizar una conceptualización integrativa del caso, contemplando no solo la comprensión del mismo teniendo en cuenta factores como el motivo de consulta, los objetivos y logros alcanzados, sino también la relación terapéutica como tejido vivo donde se construye gracias a la interacción Paciente-Terapeuta, obteniendo como resultado, transformaciones tanto en el autor de su proceso (consultante) y aquel que acompaña (Terapeuta).

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Guerrera, Cambio terapéutico, Clínica Psicológica

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